
De un tiempo a esta parte, la soledad ronda súbitamente cada día los pasillos del inhóspito galpón en que se ha convertido mi corazón, esquivando las redes que tejieron las arañas culonas del olvido para no dejar ir a la tristeza que sin rumbo claro va en busca de la puerta de emergencia que se auto clausuró por falta de uso. Cada noche le pongo un nombre distinto. Algunas noches la reconozco simplemente por su nombre que muchas veces se me hace propio... soledad; otras tantas... tiempo sin razón de ser; y alguna que otra la llamo por lo que provoca en mi con su llegada... angustia. Sé que la soledad no es la mejor medicina para un corazón maltrecho como el mío que solo recuerda la sinfonía de ángeles que tu voz era para mis oídos, pero ella un día quiso comprobar si podía ser la huésped diaria de mi vida. Al principio, yo me reusaba a la idea de que mi cuerpo y mi mente estuvieran habitadas por algo más que el inolvidable recuerdo del último destello de felicidad que vivimos juntos, pero que es inevitable que nunca se mezcle con una pizca del mal sabor que me dejó tu partida. Por instinto, superstición, 6to sentido o llámeselo como quiera, siempre me negué a dejarla entrar porque no quería ver cómo se hacía el rodaje de la película más triste de cine mudo en que se había convertido mi vida. Pero un día, esta inteligente rival me jugó una mala pasada y me envolvió con su papel de caramelo, provocando en mi el mismo efecto que dejan los besos que crean adicción y sólo me quedó aceptarla sin derecho a réplica. Así como un día tuve que aprender a vivir sin vos y volver al círculo vicioso que era mi vida antes de tu llegada, así aprendí también a convivir con ella y a entender las reglas del juego en el que sólo ella y yo éramos compañeros de equipo y rivales a la vez. Como cada viernes a tu lado pero esta vez, sin ti a mi lado, sola con mi fiel y nueva compañera de laberintos sin salida comíamos pochoclos dulces mientras mirábamos películas de amor pero al ver qe se aproximaba su final feliz, la cortábamos porque confié en su enseñanza y comprendí no hay felicidad más ilusa que la de las personas que no interpretan el papel de su propia vida. Pero.. qué va? Para bien o para mal, me acostumbré a ella, a su compañía, a su comprensión y hoy soy sólo una persona que no espera que vuelvas, sino que te vayas de una buena vez porque esta vez es verdad que la costumbre es más fuerte que el amor.
Saaa..*
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